Mucho antes que la cocina fuera gourmet. Mucho antes que la cocina de autor. Antes que fuera light o diet, naturista, vegetariana o macrobiótica. En las cocinas argentinas reinaba sin rivales Petrona C. de Gandulfo. Reinaba y reinó por varias generaciones. Desde su primera aparición sus libros fueron el evangelio culinario del ama de casa nacional.
Eran otros tiempos aquellos. Tiempos en que la cocina era cosa de mujeres. Las casas tenían amas de casa. Al país llegaban de a miles, inmigrantes de todas las latitudes. Llegaban, muchos, huyendo de guerras, del hambre y de la miseria. Y a esas mujeres se dirigía Petrona, a esas señoras.
Eran tiempos extravagantes en que las mujeres cocinaban todos los días. En todas las casas había olor a sopa, a guiso. Las familias se reunian para comer todos juntos y eran todas numerosas.
Hoy cuando la publicidad nos vende reuniones de amigos super divertidos tomando cerveza, tenemos todo el derecho de añorar los tiempos que juntábamos las mesas todos los días, montones de tíos, primos, abuelos, padrinos, cuñados o cualquiera que venía y se quedaba a comer. Había para todos.
A esa sociedad Petrona le enseñó a hacer platos nacionales e internacionales, amalgamando un amplio espectro culinario y generando una actividad que la tuvo como pionera y creadora indiscutida.
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| Petrona C. de Gangulfo |
Nació en Santiago del Estero el 29 de junio de 1896.
Cada mañana y cada tarde mantenía su inalterable ritual de salud: tomar un vaso de whisky on the rocks. La receta la empujó a vivir hasta los 95 años, hasta aquel 6 de febrero de 1992 en que el corazón se cansó de bombear.
A los 87 años, tan secretos como algunas de sus recetas sagradas de las que sólo daba indicios básicos, todavía fumaba y parecía gozar con los montones de puchos que dejaba con la marca del rouge de rojo tan intenso como la sangre, en los ceniceros que ella misma esparcía por donde pasaba.
Lucía ese porte de reina plebeya que había logrado convertir a la cocina casera en una monarquía femenina cuya doctrina se asentaba en El libro de Doña Petrona, que apareció en los años 30, y cuyos 5000 ejemplares se agotaron en un mes, anticipándose a ese tipo de éxitos de marketing que hoy exigirían consultores y sondeos.
El libro llegó a tener unas 800 páginas y más de 3000 recetas, y ya deben haberse impreso unas cien ediciones.
A ella, que venía de una tierra casi sin agua y obviamente sin mar, le atraían los crustáceos, las ostras, los mariscos servidos con champagne francés.
Tenía dotes de comunicadora. De mensajera de olores, aromas y sabores. Era picante y amaba los picantes. Tuvo dos matrimonios y a esa edad en que se dice todo lo que se piensa dijo sin ínfulas, como quien dice algo natural como el aire: "Siempre gané mucha más plata que mis maridos, pero supe ubicarme y darles a cada uno el lugar de señor de la casa".
Ella en la cocina fue más: fue la reina.
Había en ella un aire altivo, una simpatía distante, una conciencia de su protagonismo monárquico.
Había en ella un aire altivo, una simpatía distante, una conciencia de su protagonismo monárquico.
Desde la pantalla se comunicó con las mujeres argentinas de varias generaciones.
"Siempre me decían que era una creadora cara -dijo-. Y tenían razón. ¿Qué les va a preparar Doña Petrona? ¿Un guisito de morondanga?".
Hoy que estragados por el colesterol y el ácido úrico, comemos poquito, con miedo y con culpa la quiero homenajear con toda mi admiración publicando estos dos videos que la muestran en el año 1960 enseñando a hacer un Pan Dulce imperdible.
1° Parte
2°Parte
